A medida que tu cuerpo va envejeciendo, puedes ver cómo tu alma lo sostiene y protege; entonces se desvanece el pánico, el miedo que se suele asociar con el envejecimiento. Así adquieres una mayor sensación de fuerza, comunión y seguridad. Envejecer te asusta porque parece que tu autonomía e independencia te abandonan contra tu voluntad. Para los jóvenes, los viejos parecen ancianos. Cuando empiezas a envejecer, adquieres conciencia de la marcha veloz del tiempo. En verdad, la única diferencia entre una persona joven en la plenitud de su exuberancia y una persona muy vieja en un nivel físico débil y vacuo es el tiempo.
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Enviada por Soledad hace 10 años
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