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Frases y citas con "Memoria D"
El juego del ángel
CARLOS RUIZ ZAFÓN
(254 frases)
- Me alegro, porque es posible, y subrayo posible, que ese momento no llegue nunca, que no te enamores, que no quieras ni puedas entregarle la vida a nadie y que, como yo, cumplas un día los cuarenta y cinco años y te des cuenta de que ya no eres joven y que no había para ti un coro de cupidos con liras ni un lecho de rosas blancas tendido hacia el altar, y la única verguenza que te quede sea robarle a la vida el placer de esa carne firme y ardiente que se evapora más rápido que las buenas intenciones, y que es lo más parecido al cielo que encontrarás en este cochino mundo donde se pudre todo, empezando por la belleza y acabando por la memoria.
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Enviada hace 10 años
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Memorias de un amigo imaginario
MATTHEW DICKS
(7 frases)
Cuando murió la abuela de Max, el padre de mi amigo dijo que la abuela seguiría viviendo en el corazón de Max, y que siempre que la recordaran la mantendrían viva en su memoria. Eso está muy bien para Max, puede que lo consolara un poco, pero a la abuela de Max no le sirvió de nada. Ya no está en este mundo, y aunque Max la mantenga viva en su corazón, su abuela ya no existe. A ella le da igual lo que diga el corazón de Max, porque ya nada le puede importar. No entiendo tanta preocupación por los que se quedan en el mundo, cuando los que de verdad sufren son los muertos.
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Enviada por 23 hace 10 años
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El Club de los Poetas Muertos
N. H. KLEINBAUM
(8 frases)
McAllister hizo como que se echaba a reír. —¡Filósofos a los diecisiete años! —Es curioso, nunca hubiese imaginado que era usted un cínico —dijo Keating antes de tomar un sorbo de té. —Cínico no, amigo mío —replicó el profesor de Latín—. Realista. Muéstreme usted un corazón liberado del peso vano de los sueños y yo le mostraré a un hombre feliz. —El hombre nunca ha sido tan libre como cuando sueña —replicó Keating—. Ésa fue, es y seguirá siendo la verdad. McAllister frunció el ceño por efecto de un intenso esfuerzo de la memoria. —¿Es eso Tennyson? —No... Es Keating.
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Enviada por 653 hace 10 años
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La ignorancia
MILAN KUNDERA
(151 frases)
Así repetidas, las palabras adquirieron tal fuerza que, en su fuero interno, Irena las vio escritas con mayúsculas: Gran Regreso. Ya no opuso resistencia: quedó prendida de imágenes que de pronto emergieron de antiguas lecturas y películas, de su propia memoria y tal vez de la de sus antepasados: el hijo perdido que reencuentra a su anciana madre; el hombre que vuelve hacia su amada, de la que le arrancó un destino feroz: la casa natal que cada cual lleva dentro; el sendero redescubierto en el que quedaron las huellas de los pasos perdidos de la infancia; el errante Ulises que vuelve a su isla tras vagar durante años; el regreso, el regreso, la gran magia del regreso.
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Enviada por 142 hace 10 años
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Mal de amores
ANGELES MASTRETTA
(26 frases)
-Niña -dijo Milagros con la solemnidad de una sacerdotisa- yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia. Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad. Te deseo el gusto por los cometas, por el agua y los hombres. Te deseo la inteligencia y el ingenio. Te deseo una mirada curiosa, una nariz con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza. Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de las hormigas, la duda de los templos. Te deseo la fe en los augurios, en la voz de los muertos, en la boca de los aventureros, en la paz de los hombres que olvidan su destino, en la fuerza de tus recuerdos y en el futuro como la promesa donde cabe todo lo que aún no te sucede. Amén.
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Enviada por 571 hace 10 años
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Pobres gentes
FIODOR DOSTOIEVSKI
(13 frases)
Hay súplicas en nombre de Cristo que no importan (también entre ellas hay diferencias). Algunas son cantarinas, como recitadas y aprendidas de memoria, típicas de pedigüeños veteranos; ante ésas no resulta tan doloroso pasar de largo. Se trata de mendigos profesionales, recalcitrantes, y uno piensa que ya están acostumbrados, que se las arreglarán de algún modo porque saben cómo hacerlo. Pero hay otras súplicas por amor de Cristo terribles, insólitas, extrañas, como la de hoy cuando leía la nota que llevaba el niño; (…) Y a la gente rica no le gusta que los pobres se quejen en voz alta de su mala suerte. Dicen que son muy pesados y molestos. Sí, la pobreza es siempre pesada…
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Enviada por 24 hace 10 años
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El cocodrilo
FELISBERTO HERNÁNDEZ
(1 frases)
—Dígame la verdad, ¿cómo es ella?
Al principio a mí me hizo gracia. Después me vino a la memoria una novia que yo había tenido. Cuando yo no la quería acompañar a caminar por la orilla de un arroyo -donde ella se había paseado con el padre cuando él vivía- esa novia mía lloraba silenciosamente. Entonces, aunque yo estaba aburrido de ir siempre por el mismo lado, condescendía. Y pensando en esto se me ocurrió decir a la mujer que ahora tenía al lado:
—Ella era una mujer que lloraba a menudo.
Esta mujer puso sus manos grandes y un poco coloradas encima de la pollera verde y se rió mientras me decía:
—Ustedes siempre creen en las lágrimas de las mujeres.
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Enviada por 17 hace 10 años
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Firmin
SAM SAVAGE
(8 frases)
Éste es el relato más triste que nunca he oído. Empieza, como todos los verdaderos relatos, quién sabe dónde. Buscar el principio es como intentar descubrir las fuentes de un río. Se pasa usted varios meses remando contra la corriente, bajo un sol abrasador, entre altísimas murallas de jungla chorreante, con los mapas empapados de humedad desintegrándosele en las manos. Lo enloquecen a usted las falsas esperanzas, los malignos enjambres de insectos picadores, y las añagazas de la memoria, y lo único que saca en claro, al final -la última Thule de tan ridícula búsqueda-, es un humedal de la selva o, tratándose de un relato, una palabra o un gesto perfectamente desprovistos de sentido. Y, sin embargo, en algún lugar más o menos arbitrario del largo recorrido entre el humedal y el mar, el cartógrafo clava la aguja de su compás, y es ahí donde nace el Amazonas.
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Enviada por 555 hace 10 años
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El libro de la selva
RUDYARD KIPLING
(48 frases)
-Oye, hambrecita –advirtióle el oso, y su voz retumbó coma un trueno en noche calurosa–. Te he enseñado toda la ley de la Selva para que te sirva con todos los pueblos que en la Selva existen... excepto el de las Monos, que viven en los árboles.. Esos no tienen ley. Esos son los repudiados de todo el mundo. No poseen lenguaje propio, sino que usan palabras robadas que oyen por casualidad cuando escuchan, y atisban, y están en acecho allá arriba en las ramas.
Su camina no es el nuestro. No tienen jefes. No tienen memoria.
Presumen, y charlan, y pretenden ser un gran pueblo ocupado en asuntos importantísimos; pera la caída de una nuez desde el árbol les provoca la risa y basta para que todo lo olviden. Nosotros, los de la Selva, no nos tratamos con ellos. No bebemos donde los monos beben; no vamos a donde los monos van; no cazamos donde ellos cazan; no morimos donde ellos mueren.
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Enviada por 28 hace 10 años
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La noche detenida
JAVIER REVERTE
(2 frases)
No hay una sensación semejante a la de pensar que vas a morir. Dicen algunos que, en ese momento, todos los instantes importantes de tu vida corren a galope delante de tu memoria en cuestión de segundos. No es así. Lo que sucede es que haces un juicio sobre ti mismo, sobre tu propia estética, sobre tu forma de ver el mundo y verte a ti, y te preguntas si has llegado a ser como quisiste ser, si has obrado en consecuencia con lo que le exigías a tu vida. Y no tienes miedo más que de ti mismo, de no haber sido capaz de ser lo que deberías haber sido, de responder al dibujo que deseabas trazar para tu propia alma. Te miras en el espejo de la muerte esperando estar a la altura de tu propio orgullo. Y si piensas que lo has logrado, puedes incluso sentirte alegre aunque lamentes tu fin. Porque morir es algo gratuito, que sucede cuando menos te lo esperas. Pero vivir en armonía con tu propia estética es un raro priviligio. Y eso, sólo eso, es el valor.
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Enviada por 23 hace 10 años
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Fotos de Laura
MARCELO LEONART
(7 frases)
Se toman fotos para recordar, porque se desconfía de la memoria, porque sabemos lo débil que es, lo indolente o mentirosa que se vuelve con los años y la experiencia. Se toman fotos porque creemos que prueban algo de lo que sin ellas no estaríamos seguros, porque imaginamos que son fijas e irrefutables (al contrario de los recuerdos, que son tan frágiles y cambiantes), y porque creemos que viéndolas -reviviendo el instante- todo el resto seguirá intacto, el momento previo y el que vendrá. La vida pasa de largo, eso es lo que pensamos, pero si la tenemos a mano (y guardar fotos sirve para eso, para tener la vida a mano) es como si la viviéramos entera de nuevo. Pero siempre con las mismas imágenes, con las mismas risas (las fotos hay que sacarlas riéndose, para creer, cuando aparecen, que hemos tenido una vida feliz; porque de eso se trata, convencernos de que hicimos con ella lo que se debía, que no la hemos desperdiciado).
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Enviada por 243 hace 10 años
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Tobogán de hambrientos
CAMILO JOSÉ CELA
(64 frases)
El acto de la puesta de ojo fue muy simbólico y emocionante, y en él pronunció un sentido discurso la presidenta de la sociedad, Mrs. Codfish Scott. El local estaba adornado con flores y con banderitas de todos los países (menos Abisinia, Liberia y Haití) y aparecía de bote en bote, abarrotado hasta los topes por todas las asociadas. Al don Romualdo lo pusieron en una plataforma para que todas lo viesen bien, y la doctora Miss Margaret Titbit —que era un bombón, aunque algo talludita—, después de las palabras de la presidenta, le puso el ojo entre grandes aplausos. El don Romualdo dio las gracias en unas breves y galantes frases que tradujo la misma doctora Miss Margaret, que había sido partera en Valparaíso, y las ovaciones se sucedieron sin cesar. ¡Fue aquel un acto cívico memorable y del que los anales guardan muy cumplida memoria! El don Romualdo estaba emocionado y, cuando a la salida, se subió a su Chevrolet, un temblorcillo de gratitud le bailaba en la voz.
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Enviada por 20 hace 10 años
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Aranmanoth
ANA MARIA MATUTE
(37 frases)
Durante los primeros años de su vida, cuando aún no le habían apartado de su madre, Orso creyó oír voces. Eran voces misteriosas y no humanas, voces que se adentraban en el silencio, que revoloteaban a su alrededor y se introducían en su mente encendiendo su curiosidad. De ellas hablaban las sirvientas en las noches junto al fuego, cuando el crepitar de los leños, el rumor de las ruecas y sus conversaciones permitían a Orso desvelar algunos de sus más escondidos secretos. Él respetaba esos secretos, los buscaba y los deseaba. Pero nunca llegó a desentrañarlos del todo ni a hacerlos suyos. Eran secretos de mujeres, y él no era más que un niño que sentía cómo la sed de conocimiento crecía en su interior.
Ellas hablaban, al parecer, de un tiempo que se perdía en la memoria de los humanos. Orso, aunque fingía dormir, agazapado, de tanto en tanto aparecía inesperadamente entre ellas, que le acogían alborozadas. Y una noche oyó decir a su madre: "Son las voces que pierde el Tiempo en su tejer y destejer al derecho y al revés...
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Enviada por 17 hace 10 años
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Tu rostro mañana
JAVIER MARÍAS
(83 frases)
… a veces nos sucede eso con lo que se niega o se calla, con lo que se guarda y se sepulta, va difuminándose sin remedio y llegamos a descreer que en verdad existiera o se diera, tendemos a desconfiar increíblemente de nuestras percepciones cuando ya son pasado y no se ven confirmadas ni ratificadas desde fuera por nadie, renegamos de nuestra memoria a veces y acabamos por contarnos inexactas versiones de lo que presenciamos, no nos fiamos como testigos ni de nosotros mismos, sometemos todo a traducciones, las hacemos de nuestros nítidos actos y no siempre son fieles, para que así los actos empiecen a ser borrosos, y al final nos entregamos y damos a la interpretación perpetua, hasta de lo que nos consta y sabemos a ciencia cierta, y así lo hacemos flotar inestable, impreciso, y nada está nunca fijado ni es definitivo nunca y todo nos baila hasta el fin de los días, quizá es que no soportamos las certezas apenas, ni siquiera las que nos convienen y reconfortan, no digamos las que nos desagradan o cuestionan, o duelen, nadie quiere convertirse en eso, en su propio dolor y su lanza y su fiebre.
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Enviada por 28 hace 10 años
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El Diccionario del diablo
AMBROSE BIERCE
(311 frases)
Macrobiano: Olvidado de los dioses que alcanza una edad muy avanzada. La historia nos da numerosos ejemplos, desde Matusalén hasta el Old Parr, pero algunos casos notables de longevidad son menos conocidos. Un campesino calabrés llamado Coloni vivió tanto que llegó a tener un vislumbre de la paz universal. Scanavius dice que conoció a un obispo tan viejo que era capaz de recordar una época en que colgarlo hubiera sido una injusticia. En 1566, un tejedor de Bristol, Inglaterra, declaró que había vivido quinientos años, y que en todo ese tiempo jamás había dicho una mentira. En nuestro país también hay un caso de longevidad (macrobiosis). El senador Chauncey Depew es tan viejo que se ha vuelto inteligente. El Director de The American, periódico neoyorquino, tiene una memoria que se remonta a la época en que era un pillo, aunque no se remonta al hecho mismo de que era un pillo. El presidente de los Estados Unidos nació hace tanto tiempo que muchos de los amigos de su juventud han escalado altas posiciones políticas y militares sin el concurso de méritos personales.
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Enviada por 668 hace 10 años
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Traiciones de la memoria
HÉCTOR ABAD FACIOLINCE
(49 frases)
Cuando uno sufre de esa forma tan peculiar de la brutalidad que es la mala memoria, el pasad tiene una consistencia casi tan irreal como el futuro. Si miro hacia atrás y trato de recordar los hechos que he vivido, los pasos que me han traído hoy hasta aquí, nunca estoy completamente seguro de si estoy rememorando o inventando. Cuando vivimos en ese tiempo ""durante" que llamamos presente con ese peso devastador que tiene la realidad inmediata, todo parece trivial y consistente y duro como una mesa o un taburete; en cambio, cuando pasa el tiempo, las patas de ese taburete se rompen o se pierden, el asiento se dobla, el espaldar se deforma, el respaldo es devorado por el comejen, y las cosas terminan siendo tan irreales como un objeto definido una vez maravillosamente por Lichtemberg " Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango". ¿ que objeto es ese? Un objeto que puede existir tan solo en las palabras, una cosa que no se puede mostrar, pero una cosa que ustedes pueden ver en esa frase: " Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango". Eso es el pasado casi siempre, algo que ya no es y de lo que solo queda el rastro de las palabras.
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Enviada por 2708 hace 7 años
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